Ah la dinamita, ese invento que hace ver la vida de un modo más “intenso”, especialmente si estás al lado cuando le prendes la mecha y explota… Cualquiera puede pensar que el que la inventó debería ser algún tipo sádico con propensión por la violencia y la combustión… nada más lejos de la realidad. Su inventor fue Alfred Nobel, químico, ingeniero, inventor (350 patentes registradas) y fabricante de armas sueco (bueno esto último si que parece propio de alguien que le gusta la sangre).
Hijo de una familia de ingenieros y con una privilegiada educación en ciencias naturales y humanidades, a los 18 años se fue a Estados Unidos para estudiar química durante 4 años. Al finalizar su carrera, se dedicó a buscar la forma de crear un explosivo que fuera seguro de controlar.
Estudiando el comportamiento de la nitroglicerina, la mezcló con un tipo de arena de dióxido de silicio llamada diatomita y colocó por encima una protección con un detonador y un fusible. Al final patentó el invento en 1867 en un experimento para luego ir mejorando la mezcla. Para los mineros y constructores de ferrocarril porque necesitaban algo para poder perforar rocas y piedras, y Nobel amasó una gran cantidad de dinero.
Aunque ahora ya no se usa a favor de los explosivos plásticos, la dinamita ha quedado en el imaginario popular como el explosivo por excelencia. Prueba de ello es como se ha usado en infinidad de gags de series y dibujos animados como los Looney Toons, especialmente aquellos del Correcaminos y su archienemigo el Coyote. Respecto a Nobel, cuando murió en 1896 su fortuna ascendía a 33.000.000 coronas, de las que apenas dejó a su familia unas 100.000; con el resto se fundaron unos premios que, más de un siglo después todavía se siguen dando, pero supongo que eso ya lo sabías, ¿o no?


