El origen del Black Friday

Se acerca la fecha de uno de los eventos comerciales más importantes del año: el Black Friday (Viernes Negro), primer día de la temporada de compras navideñas en Estados Unidos. Gracias a la agresiva política de precios que establecen los comercios, millones de personas abarrotan las tiendas para obtener la última ganga o encontrar grandes ofertas. Se trata de un evento que se está empezando a exportar internacionalmente y ya se puede ver en lugares como España, o Latinoamérica gracias especialmente a las tiendas online. Por eso mismo quería realizar un artículo explicando en qué consiste y cuáles son sus orígenes.

Black FridayPor si algún despistado no lo sabe, el Black Friday ocurre tras del Día de Acción de Gracias, con la gente preparada para buscar regalos con los que obsequiar en Navidad. Como he mencionado en el párrafo anterior, los negocios preparan rebajas en el coste de los productos y, como consecuencia, hay incluso acampadas para guardar cola horas antes de la apertura. Personalmente, opino que es una muestra muy exacerbada de consumismo, pero entiendo la reacción ante la cantidad de gangas que uno puede encontrar. No seré yo quien juzgue al personal por intentar aprovechar su dinero. 😊

Volviendo al tema continuaré con los orígenes del Black Friday. Generalmente se da una versión muy divertida al respecto: como sabéis, en contabilidad las pérdidas y gastos se señalan mediante números rojo ¿no? Pues según el mito, las empresas se manejan con estas cantidades hasta que llega este día precisamente y aumentan los beneficios, es decir, los números negros. Es curioso y gracioso a la vez, sin embargo, es un invento de los publicistas.

El color negro, al menos en Occidente, siempre ha sido sinónimo de desgracias y días tristes. Cuando asistimos a un funeral solemos ir de negro, y términos como “Martes Negro” se usan para hablar de los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York. Entonces, ¿qué sentido tendría usar un término similar para un acontecimiento tan positivo? La realidad es que, evidentemente, el término Black Friday tenía un significado más negativo en sus comienzos.

Desde 1890 se lleva celebrando un partido de futbol americano tan importante que incluso va el mismísimo presidente a verlo. Nos referimos, claro está, al partido que se juega anualmente entre las academias de la Escuela Naval y las Armada, conocido también como Army-Navy Game, y viene a tener tanta importancia como el Madrid-Barcelona en España, por ejemplo. Se juega en Filadelfia, territorio neutral por la equidistancia de la ciudad entre ambas academias, y el impacto es tal que gente de toda la nación viene a verlo aunque se televise para todo el país. El enfrentamiento se realiza, precisamente, el sábado siguiente al Día de Acción de Gracias, por lo que obviamente, el viernes la ciudad está a rebosar de gente.

Por supuesto, tanta aglomeración de personas implicaba problemas tales como accidentes o delitos y claro, para la policía era un día muy agotador. Encima, era algo que se repetía año tras años, por lo que las fuerzas del orden llegaron a odiarlo y acabaron denominándolo tal y como lo conocemos para indicar lo trágico del periodo.

Por su parte, los comerciantes se frotaban las manos ante tanta afluencia, así que decidieron aprovechar el suceso para obtener ganancias y competían para ver quien ofrecía el mejor precio, lanzando ofertas a cual más atractiva. Los resultados fueron extraordinarios: literalmente la mercancía desaparecía de los estantes a causa de los compradores que abarrotaban las tiendas. Incluso empezaba a venir gente que odiaba el futbol americano al encuentro de las ofertas y al final, el Black Friday se convirtió en un suceso en sí mismo, independiente del partido.

Ahora, esta pelea de precios iba a tener también sus damnificados. Concretamente, los dependientes de esos negocios que tenían que mediar entre la turba de clientes, convirtiéndose, efectivamente, en el día más estresante del año para ellos. Si los agentes de policía acuñaron el término, estos empleados definitivamente lo asentaron como muestra del pavor que sentían ante este día. Irónicamente, el nombre caló entre los consumidores a pesar de los intentos de los publicistas de ponerle algo más positivo como Big Friday, y ya se quedó así. Curioso cómo funciona esto del boca a boca.

A modo de conclusión, me gustaría aportar una reflexión en base a esta historia. Ya he escrito que entiendo el comportamiento de la gente ante unos precios tan baratos, pero uno se pregunta qué realmente fue primero, si el huevo o la gallina. Es decir, ¿utilizamos el Black Friday para rentar nuestro dinero o, engatusados por las gangas, gastamos más de lo previsto sin pararnos a pensar? Quizás, y solamente quizás, fenómenos como las colas o las tiendas atestadas deberían hacernos pensar si estamos siendo responsables con nuestra economía. Uno de los defectos de la sociedad actual es que se aferra demasiado a los artículos materiales, aunque a la larga no sean necesarios.

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